en dónde has dejado tu tan divino halo;
comprender las razones, pues suspiros exhalo,
sin poder un momento olvidar tu regalo.
pues todo lo de antes, detalles generales,
han desaparecido, no parecen reales;
después de conocerte, mis versos son leales.
sin una sola falla, ni una acarreas;
rogando conocerte mis días señoreas,
aunque con los mortales vives y te codeas.
mi reina absoluta, a quien hago gustosa
elogios variopintos, y libación copiosa;
sé que no te agrada mi devoción melosa.
mi felicidad toda, a ti te adjudico.
Deseo protegerte; las costumbres practico
de medieval vasallo, aunque te deifico.
Mi vedada señora, gracias a ti soy fuerte,
gracias a ti entiendo que debo merecerte;
afortunado sea quien diario puede verte.
¿te parece posible? Sobre ti hablaría,
entonces quien tú eres finalmente sabría,
pues a mí solo eso me interesaría.
si el error encuentro, únicamente queda
mi oda dedicarle, que todo le conceda,
pues me ha permitido que a ti yo acceda.